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Paco Segarra es un reconocido publicitario creativo que nació en Barcelona en la década de los 50. Está casado y tiene cuatro hijos. Además de su prestigio en el mundo de la comunicación, es el protagonista de un proceso de conversión que hace su historia única e irrepetible en el mundo.
En la actualidad, Paco Segarra es el director general creativo en una agencia de publicidad multinacional que define su profesión como “un oficio como cualquier otro”, donde “se trabaja muy duro durante muchas horas”, algo “signo de los tiempos de la globalización en que vivimos: más trabajo y menos margen”. La historia de la conversión Paco la define como “poco excepcional”. “Mi madre es muy católica y muy practicante -explicó a ALBA-. Mi padre era un fervoroso cristiano... bastante anticlerical. Vivimos en casa la verdad revolucionaria de Jesús, esa radicalidad del ‘vende cuanto tienes, dáselo a los pobres y sígueme’ que, aún hoy en día, se descafeína a base de exégesis y teología. Pero tuvo una terrible noche del espíritu y acabó aconsejándonos que viviésemos como si Dios existiese y no al revés. Al poco, murió. De esto hace ya bastantes años. Yo andaba sumergido en Nietzsche, Hegel, Marx, etc. y me declaraba agnóstico. Sufrí una crisis vital muy fuerte: angustia, depresión... Pensé que mis hijos deberían tener algo a lo que asirse en casos así -la filosofía, lo juro, no sirve-. Volví a ir a misa por ellos. Poco a poco, a lo largo de unos cuantos años, fui saliendo del pozo, empecé a interesarme por autores cristianos como Guitton, Frossard, Martín Descalzo, Altisent o C. S. Lewis y, racionalmente, me fui acercando de nuevo a la Iglesia. De modo que fue gradual”. Segarra recuerda que “sí, hubo unos años de deslumbramiento total” y que ahora su vida está orientada por el intento de ser un cristiano de a pie. “Intento vivir del perdón y no de mi buena figura, como decía Altisent, ese monje tan sabio”. |