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Los programas de televisión promueven modelos contra la familia Imprimir E-mail

La televisión genera modelos de conducta, y el olvido de referencias morales, promovido por la ‘progresía’, permite a los anunciantes y a los guionistas de las series obviar todo tipo de criterio ético. El objetivo es vender y ganar audiencia. Los expertos advierten de la enorme influencia de la televisión y llaman la atención sobre “el modelo de sociedad que estamos creando”.

“Ante la imagen se es más pasivo, y no es fácil luchar” con los mensajes que transmite. “La imagen tiene una mayor plasticidad e impacta, porque llega más al inconsciente”, afirma a ALBA el psicólogo y pedagogo Bernabé Tierno acerca del poder de la televisión sobre los televidentes.

Según explica, “ésa es la razón por la que es tan convincente la televisión, aunque tengas una buena preparación y un sentido crítico”. Para Tierno, las imágenes llegan mejor a la parte inconsciente del cerebro, por lo que “se controla menos”, mientras que “cuando se lee un libro, se dialoga con el autor”.

Tierno advierte de uno de los riesgos que se corre en Navidad: “Mucha gente, cuando pasen las vacaciones, se dará cuenta de que ha gastado más de lo que tendría que haber gastado. Entonces entrarán en ansiedad, y puede que incluso les falte para comer. A nadie parece importarle ese problema. Todo está montado para que sólo nos preocupemos de comprar”.

Luis Núñez Ladeveze, profesor de la Universidad San Pablo-CEU y director del Instituto de Estudios para la Democracia, ha estudiado la influencia de la televisión en la forma de pensar. Según explica, “la televisión es un elemento importante de cambio social.

Si hacemos un estudio de cómo ha cambiado la familia, no hay duda de que vemos un cambio; ha habido una aceptación de costumbres y prácticas disonantes y distintas a lo que era habitual, y una de las explicaciones es el efecto de la televisión”.

Núñez Ladeveze afirma a ALBA que “en los adultos ha habido una adaptación, que llamamos ‘disonancia pragmática’”. Según explica, “los padres y tutores tienen una idea bastante clara de lo que los niños deben ver y no deben ver, como el erotismo, la violencia, programas a determinadas horas... Tienen ideas claras, pero a la hora de la verdad, los niños ven esas cosas. Hay una distancia entre el criterio y la conducta”.

El informe continúa en el número 65 del semanario ALBA.

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