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Secretos romanos: 25 años Imprimir E-mail

Corren en Roma, en los mentideros periodísticos, algunas jugosas anécdotas sobre la controvertida entrevista -¿secreta, discreta… o pregón anunciado?- de la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega con el cardenal Sodano en el Vaticano.

Es cierto que la solicitud para dicho encuentro era antigua. Pero no es menos cierto que nuestro embajador en la Santa Sede, Jorge Dezcallar, recibió aceleradas instrucciones de Madrid para conseguir que se produjera antes, muy poco antes, de la manifestación contra la LOE del 12-N.

Y Dezcallar, pese a muy penosas circunstancias familiares –que aquí lamentamos, y le acompañamos en el dolor por el fallecimiento de su esposa-, consiguió la entrevista para el diez de noviembre. Es cierto que ambas partes, el Gobierno español y la Secretaría de Estado del Vaticano, hicieron pacto de silencio. Tanto es así, según cuentan fuentes bien informadas, que los obispos españoles, incluso el portavoz de la Santa Sede, no tuvieron conocimiento anticipado del encuentro.

¿Cómo se filtró la cosa a la prensa, a lo largo del día 11, hasta el punto que el diario El País, en la mañana del 12-N, publicó la noticia acompañándola de una gran fotografía de Sodano con de laVega?
Algunas fuentes aseguran que desde la parte española –no hay que olvidar que Dezcallar ha sido jefe de nuestros servicios de inteligencia- se filtró la noticia a cierta paloma mensajera, justo del palomar ajeno, para de este modo implicar al Vaticano o a la Cope en el levantamiento del secreto. Vaya usted a saber.

Lo cierto es que Paloma Gómez Borrero, corresponsal de la Cope, asegura haber visto, con sus propios ojos y por un casual, el coche de nuestra vicepresidenta, con De la Vega dentro, entrar por la puerta de Santa Ana en el Vaticano. Y para dar crédito a lo que sus atónitos ojos vieron, llamó a Ángel Gómez Fuentes, corresponsal de TVE, para que éste confirmase la noticia. Ambos son dos excelentes profesionales. Así que Gómez Fuentes hizo tres llamadas a la Secretaría de Estado. Marró las dos primeras.

Pero a la tercera, la de la vencida, consiguió que su interlocutor cayese en la sagaz argucia del experimentado periodista. Dando por hecho que conocía el encuentro, preguntó por la hora de su celebración… La otra parte…cantó la hora. La noticia quedaba confirmada de esta manera y en las manos libres del tamtan periodístico. Corrió más que la pólvora, tanto que pilló por sorpresa a los obispos españoles y al mismo portavoz de la Santa Sede.

¿Y a qué fue tan acelerada nuestra vicepresidenta a verse con el cardenal Sodano? ¿Por qué antes, un poquito antes del 12-N, de la gran manifestación contra la LOE en Madrid? ¿De qué hablaron? Pues, por ir al grano, Teresa Fernández de la Vega es la que necesitaba hablar y habló.

Se quejó de la actitud de los obispos españoles en contra de la LOE, se quejó de ciertos programas de la Cope contrarios a la política del Gobierno, estimando que eran la voz de la Conferencia Episcopal Española y dando por supuesto que la Santa Sede tenía mano para frenarlos en seco. Y ahí es donde el cardenal Sodano –e incluso el cardenal Lajiolo, que se incorporó en la última parte de la entrevista- intuyeron cierta desinformación y hasta inexperiencia en nuestra vicepresidenta.

Por eso, el cardenal Sodano ilustró a Teresa Fernández de la Vega acerca de que tal contenido de agenda no era oportuno discutirlo con la Secretaría de Estado del Vaticano, sino con los obispos españoles, que, para todo eso, eran los naturales y adecuados interlocutores.

Esta sugerencia -este “vuélvase a casa y allí hable, dialogue o quéjese”- se hizo, como el viernes tarde matizaron los portavoces, en un clima de gran cordialidad. Debió de ser en medio de ese cálido ambiente, casi caribeño, que Teresa Fernández de la Vega tuvo la novicia audacia de mostrar un inesperado colmillo.

Parece ser –las fuentes son fidedignas- que le aconsejó al cardenal Sodano sobre la conveniencia de estar a buenas con este Gobierno socialista español por la razón -tome asiento el lector- de que iban a estar gobernando los próximos ¡25 años! Sabemos incluso que respondió el cardenal Sodano: “Me temo, señora, que lo veré ya desde el cielo”. Probablemente, nuestra vicepresidenta interpretó esta respuesta como una humilde y religiosa referencia del propio cardenal a su expectativa de vida.

Pero, para quienes recordamos que la Santa Sede se las ha visto con Nerón, Atila, Carlomagno y los Otones, Saladino, Carlos V y Francisco de Francia, Enrique VIII e Isabel I, Napoleón, Hitler, Stalin, Mao y Castro –por no abrumar más-, el comentario del cardenal Sodano quizás incluyese también la ausencia de esta tierra de la propia vicepresidenta española, que no es ya una adolescente.
¡25 años! ¿Qué son 25 años para la dos veces milenaria Iglesia? Un suspiro.

Ahora bien, qué sugestivas e inquietantes reflexiones si aplicamos ese vanidoso anuncio de ¡25! años al proyecto del actual tripartito español. ¿No les suena a ciertas antiguas palabras de Maragall y su anuncio de otros 25 años de “paz y estabilidad” si logra abrirse paso el programa estatutario catalán y vasco, preconizado por Zapatero y sus socios independentistas? ¡25 años! ¡Qué interconexiones tan sorprendentes! Quién nos iba a decir que, por sendas tan inesperadas, volveríamos a descubrir esa extraña verdad, a saber, que todos los caminos conducen a Roma.

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