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La doctora Sendino luchó por su vida hasta el final |
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Sonsoles Calavera.- Foto: Luis Camacho / Diario Médico. Hacía poco más de una semana que la habíamos visitado en el hospital Ramón y Cajal. Ya sin nada de pelo, y con más de medio cuerpo paralizado, nos recibió para saber cómo queríamos enfocar la entrevista que planeábamos.
Le quedaban pocos días de vida, pero, de su flaqueza, sacó las fuerzas suficientes para atendernos, porque creía que quizá podría ayudar así a otras personas en situaciones parecidas.
Así pudimos conocer a una mujer valiente y generosa hasta la heroicidad: “Aunque paso momentos de congoja, tengo aceptación y tengo paz”, nos decía emocionada. Explicaba agradecida que Dios le concedía el don de notar el cariño de muchas personas y de no ser una “enferma profesional” de las que se dedican íntegramente a su enfermedad: “Tengo la suerte de que Dios me permite preocuparme aún por los demás”, reconocía con sencillez. Y consideraba un honor que Él la utilizara, incluso aunque fuera a través de su enfermedad, para tocar el corazón de otras personas: “Si Dios se sirve de mí para llegar a otros por estar enferma, bendita enfermedad”, añadía con admirable coraje.
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