|
El jesuita italiano Federico Lombardi sustituirá a Joaquín Navarro-Valls al frente de la Sala de Prensa de la Santa Sede.
Se espera en pocas horas el anuncio oficial del nombramiento del hasta ahora director general de Radio Vaticano, Federico Lombardi. El piamontés Lombardi, de 64 años, es, asimismo, director del Centro Televisivo Vaticano (CTV). Navarro-Valls, tras 22 años al frente de la oficina de prensa vaticana, ya había manifestado su intención de renunciar al cargo. Él mismo ha pedido su relevo a Benedicto XVI y señaló en una entrevista a una televisión italiana que estaba preparado para dejar su puesto.
El nombramiento de Lombardi ha sido una sorpresa para muchos, que esperaban quien sustituyera a Navarro fuera Alessandra Borghese, autora del superventas Con ojos nuevos, en el que cuenta su conversión.
Fue en 1984 cuando Juan Pablo II propuso a este médico cartagenero, por entonces corresponsal de Abc en Roma, hacerse cargo de sus relaciones con los medios.
Desde su despacho de la via de la Conciliazione, Navarro-Valls muñiría una de las más brillantes actuaciones que se han realizado en los últimos tiempos en el campo de la comunicación de masas. A día de hoy, el Papa es un punto de referencia informativo permanente a lo largo y ancho del planeta, tanto en su misión apostólica como en su actividad como jefe de Estado. No es que no lo fuera antes, pero algo le faltaba a la Iglesia para que su carácter universal no fuera un concepto hueco.
Un golpe de audacia fue la creación, en 1990, del Vatican Information Service, que informa a diario con una precisión encomiable sobre la actualidad del pontífice y de la Santa Sede. En un principio iba destinado a instituciones y profesionales. Hoy cualquier persona que lo desee lo puede recibir en su ordenador. Se enterará del discurso del Papa a los obispos de Tanzania en visita ad limina, del número de bautizados en una diócesis remota o de los acontecimientos más notables que acaecen dentro de los muros del Vaticano.
Dotado de una capacidad de trabajo excepcional, Navarro-Valls puede atender al mismo tiempo los requerimientos de un cardenal que la llamada de un corresponsal británico que pide precisiones interpretativas sobre las últimas palabras papales. Ha sabido lidiar con destreza los momentos difíciles, como las últimas semanas de Juan Pablo II o el espinoso caso de los abusos sexuales cometidos por un reducidísimo número de sacerdotes pero que fueron utilizados como arma arrojadiza por buena parte de la prensa.
Sin embargo, su papel ha trascendido el de un portavoz. La simbiosis entre el Papa y él hizo que se convirtiera en una pieza básica del primer círculo pontificio, de los pocos que sabían interpretar sus deseos. Asimismo, ha formado parte de la delegación vaticana en varias conferencias de la ONU. En la de El Cairo se percibió su influencia. En una alianza circunstancial con los países musulmanes, la siempre hábil diplomacia pontificia logró rebajar la tonalidad proabortista de la declaración final. Navarro exhibió un documento oficial estadounidense que mostraba su irritación ante el "obstruccionismo vaticano" al mismo tiempo que saludaba su tenacidad y el virtuosismo para los asuntos públicos de su portavoz. |