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Su Santidad pide a los obispos que mantengan "vivo y vigoroso" el espíritu cristiano Imprimir E-mail
Benedicto XVI pidió hoy a los obispos españoles en la capilla del Santo Cáliz de la catedral de Valencia que trabajen para mantener "vivo y vigoroso" el espíritu cristiano "que ha acompañado la vida de los españoles en su historia", al tiempo que les exhortó a luchar contra la "rápida secularización" que, según reconoció, está incluso afectando "a la vida interna de las comunidades cristianas".

El Papa llegó a la catedral tras el rezo de un responso por las víctimas del metro en la estación de Jesús. A su llegada a la Seo recibió las llaves de la ciudad por parte de la alcaldesa , Rita Barberá y, acompañado del arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, esparció el agua bendita con el hisopo que le entregó un canónigo. Dentro le esperaban ya los obispos españoles, así como el clero de Valencia y las monjas de clausura de los conventos de esa diócesis.


Al entrar al templo se dirigió en primer lugar a la capilla del Santo Cáliz, para orar unos instantes ante la reliquia de la Ultima Cena. Allí se encontró por fin con un centenar de obispos españoles y, tras una breve oración, firmó el mensaje dirigido a ellos, y se lo entregó al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez.Este a su vez le ragaló un ejemplar del libro "Tratado de amor", de San Juan de Avila.


En ese mensaje, el sucesor de Pedro asegura seguir "de cerca y con mucho interés" los acontecimientos de la Iglesia en España y recuerda que se trata de un país "de profunda raigambre cristiana".

Por ello anima a los obispos a que mantengan "vivo y vigoroso este espíritu, que ha acompañado la vida los españoles en su historia, para que siga nutriendo y dando vitalidad al alma de vuestro pueblo".


Además, el Papa pide a los prelados que continúen con la acción pastoral, "en un tiempo de rápida secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas", y les invita a hacer "entrar en cada hogar" el mensaje evangélico.


Tras salir de la capilla del Santo Cáliz, el Papa se dirigió por la alfombra roja del pasillo central de la catedral hasta el altar, en un recorrido que estuvo amenizado por la interpretación musical de la Coral Catedralicia. Benedicto XVI contempló los frescos renacentistas descubiertos recientemente sobre la cúpula del altar mayor, en los que aparecen varios ángeles tocando instrumentos de la época.


Al término del acto en la Catedral, y tras firmar en el libro de honor, el Pontífice se dirigió a la Basílica de la Virgen de los Desamparados, donde fue recibido por la junta de la Archicofradía de la Virgen, la Escolanía de Nuestra Señora de los Desamparados -que interpretó los cánticos- y los capellanes. Oró primero por la patrona de Valencia, para rezar a continuación un Padrenuestro por las víctimas del metro.


Por fin el Papa salió a la Plaza de la Virgen, que estaba abarrotada desde muy temprano, con miles de personas, la mayoría seminaristas y monjas llegados de todas partes del mundo.


Presidiendo el altar lucía el tradicional manto floral gigante (11 metros por 9.50), construido con 15.000 flores y 50.000 pétalos de clavel -en total 180 kilos de flores-, elaborado por el artista Miguel Galbis por encargo del Ayuntamiento, con la imagen del Pontífice bendiciendo a un joven matrimonio con un niño rodeado por un grupo de familias ataviadas con el traje regional valenciano.


Monseñor García-Gasco dio la bienvenida a Valencia a Benedicto XVI, recibido en la Plaza con un auténtico clamor e intensas muestras de emoción y cariño. "Qué alegría encontrarnos aquí unidos.

Benvinguts a Valencia. Bienvenido a España", saludó el arzobispo.

"Esta unión la sentimos más que nunca. Hemos vivido una semana muy intensa, nuestra alegría de encontrarnos se quebró por el dolor de la tragedia. Pero estamos en familia, es decir, estamos juntos, unidos por amor, en las alegrías y en las penas", añadió, recordando a las víctimas del metro. "Los fallecidos y sus familias son también

nuestros muertos y nuestras familias", agregó, para destacar después el espíritu cristiano de la capital levantina.


El Papa, saludó después a los seminaristas y familiares, en una intervención continuamente interrumpida por aplausos y que concluyó con una frase en valenciano pidiendo el amparo de la Virgen de los Desamparados. El rezo del Angelus puso fin al acto, tras lo que el obispo de Roma se dirigió a pie al cercano Palacio Arzobispal que le sirve de alojamiento durante su estancia en España y en el que está atendido por cuatro mujeres miembros del instituto secular de vida consagrada "Obreras de la Cruz", que le prepararon una tradicional paella valenciana para comer.

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