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Benedicto XVI llegó hoy por fin a Valencia para clausurar el V Encuentro Mundial de las Familias. En una mañana calurosa, el Papa fue recibido por los Reyes y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y sus primeras palabras en suelo español fueron para recordar a las víctimas del accidente del metro del pasado lunes, así como para recordar el valor "insustituible" de la familia "fundada en el matrimonio". En su discurso de bienvenida, también el Rey consideró a esta institución como "núcleo esencial de la vida".
El Pontífice visitó en primer lugar la estación de Jesús en la que, acompañado por los Príncipes de Asturias, rezó por las 42 víctimas mortales. Cientos de miles de peregrinos acogieron al Obispo de Roma con aplausos, cánticos y gran emoción.
Todo estaba preparado desde muy temprano. El "papa-móvil" esperaba reluciente y aparcado entre una larga hilera de vehículos oficiales. A las 8.50 de la mañana comenzaba a desenrollarse la alfombra roja en el aeropuerto de Manises que, poco a poco, comenzaba a llenarse de peregrinos que querían dar la bienvenida al Papa nada más pisar suelo español y con los que el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se entretuvo en charlar y saludar. "En la familia está el futuro de una nueva humanidad" y "Valencia es tu casa", decían las pancartas que portaban, entre gorras y abanicos blancos y amarillos de la mochila del peregrino, facilitada por la organización del V Encuentro Mundial de las Familias.
Una hora antes de la llegada del Pontífice en el aeródromo ya esperaban las autoridades, entre ellas el president de la Generalitat, Francisco Camps; la alcaldesa de la capital, Rita Barberá; el delegado del Gobierno, Antoni Bernabé, así como el Nuncio del Vaticano en España, Manuel Monteiro de Castro y el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco.
A las 10.50 llegaba el avión de la Fuerza Aérea Española con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa, y los ministros de Exteriores y Justicia, Miguel Angel Moratinos y Juan Fernando López Aguilar, que fueron recibidos por Camps y Barberá. El jefe del Ejecutivo fue saludado con silbidos
por los peregrinos.
Por fin a las 11.25 horas, procedente del aeropuerto de Fiumicino en Roma y escoltado por dos cazas del Ejército Español, tomaba por fin tierra el airbus de Alitalia del Papa, en el que llegaba acompañado por su séquito personal, entre el que se encuentra el aún secretario de Estado del Vaticano, Angelo Sodano; los cardenales
españoles Eduardo Martínez Somalo, el camarlengo de la Iglesia católica; y Julián Herranz, presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos; Antonio María Javierre, archivero y bibliotecario vaticano; el sustituto de la secretaría de Estado, Leonardo Sandri; el secretario particular del Papa, Georg Gaenswein; el maestro de ceremonias, Piero Marini; el jefe del prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls; el organizador de los viajes papales; dos guardias suizos y un grupo de 64 periodistas, 13 de ellos españoles.
A las 11.39 descendió el Papa del avión y, con gesto sonriente, enseguida saludó a los Reyes y escuchó el himno de España que interpretó la banda del Ejército del Aire.
Tras dirigirse por la alfombra roja hasta el estrado preparado, saludando a peregrinos y periodistas y sin perder la sonrisa, Benedicto XVI escuchó las palabras de bienvenida del Rey de España, que destacó el "particular interés" con el que se esperaba esta visita, para enseguida referirse al accidente del metro y agradecer al Sumo Pontífice las palabras de cariño y aliento que ha dirigido a Valencia y España, "aún conmocionadas por la terrible tragedia de principios de esta semana, que ha costado la vida a cuarenta y dos ciudadanos y ha causado numerosos heridos". Consideró por ello que la presencia de Benedicto XVI en estos momentos "trae un gran consuelo
para todos y, muy en particular, para las familias que acaban de perder a sus seres queridos".
Don Juan Carlos se refirió también a las buenas relaciones con el Vaticano, destacando "la intensidad y profundidad de los lazos que, desde hace tantos siglos, vinculan a la Iglesia y a España, y que cuentan desde hace casi tres décadas con un marco de entendimiento acorde con las disposiciones de nuestra Constitución".
El Rey también recordó que el Encuentro celebrado en Valencia ha estado volcado sobre la familia que, coincidiendo con la Iglesia católica, consideró "núcleo esencial de la vida, de la transmisión de valores y de la formación del ser humano".
Fue a continuación cuando el Papa pronunció el primero de sus seis discursos en el país. "Con gran emoción llego hoy a Valencia, a la noble y siempre querida España, que tan gratos recuerdos me ha dejado en mis precedentes visitas para participar en congresos y reuniones", dijo el Pontífice en su alocución en español, para
saludar a continuación a autoridades civiles y religiosas.
El Papa tampoco olvidó referirse al accidente del metro, destacando que el arzobispo de Valencia "acompaña en estos días en el dolor a las familias que lloran por sus seres queridos, víctimas de un trágico episodio, y que se siente cercana también a los heridos".
Benedicto XVI recordó que su visita a España tiene como motivo la clausura del V Encuentro Mundial de las Familias. "Mi deseo es proponer el papel central, para la Iglesia y la sociedad, que tiene la familia fundada en el matrimonio", afirmó, para advertir a continuación que se trata de una institución "insustituible según los
planes de Dios" y cuyo valor fundamental "la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad y alegría".
No quiso olvidarse de su predecesor, Juan Pablo II, al que se refirió como "venerado predecesor y gran amigo de España", y que fue el convocante del Encuentro, que aseguró mañana clausurará él mismo "movido por la misma solicitud pastoral".
Tras recorrer en "papa-móvil" los 11 km que separan el aeropuerto de la capital, la entrada del Pontífice a Valencia fue anunciada por un repique de todas las campanas de la ciudad, 11.000 globos blancos y amarillos, pétalos de rosas amarillas y blancas y muchos gritos emocionados.
La primera parada, como estaba anunciado tras modificar la agenda inicial, fue en la estación de metro de Jesús, donde ya le esperaban los Príncipes de Asturias y una representación del dispositivo de emergencias que intervino en el momento del siniestro. El Papa llegó a las 12.40 horas al lugar y, en un breve acto, rezó un responso por
las víctimas del accidente y colocó una corona de rosas sobre la alfombra amarilla colocada junto a la boca de la estación. |