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A sus 79 años, el Papa “al que no gusta viajar” acaba de estar en Polonia, vendrá al V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia a primeros de julio, viajará a Alemania a finales de verano, y visitará Turquía y Brasil próximamente. En la trastienda de estos viajes apostólicos encontramos nombres propios.
En Polonia, Juan Pablo II, los millones de judíos masacrados en los campos de exterminio, sus supervivientes y representantes de comunidades judías del mundo entero. El franciscano Maximilian Kolbe y la carmelita Edith Stein, ambos canonizados, estaban en las mentes de todos. Benedicto XVI aseguró: “Yo estoy aquí como hijo del pueblo alemán”, y declaró con firmeza que “un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de la grandeza, utilizando al mismo tiempo la fuerza del terror”. La tenacidad del arzobispo García-Gasco (con el apoyo de la Conferencia Episcopal Española) tiene mucho que ver con su visita a Valencia. Y el sacerdote italiano Andrea Santoro, cuyo asesinato ve el Papa como “semilla de fraternidad”, es sin duda imán para viajar a Turquía. Se perfilan los mensajes de un Papa Ratzinger que no será de transición: amor y perdón, reconciliación, familia, ecumenismo, coraje. Rafael Miner |