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Dossier sobre la Asociación Católica de Propagandistas y entrevista a Alfonso Coronel de Palma Imprimir E-mail

Entrevista con Alfonso Coronel de Palma, realizada antes de conocerse su nombramiento en Cope, a propósito del dossier sobre la Asociación Católica de Propagandistas que publica ALBA.

Alfonso Coronel de Palma, presidente de la Asociación Católica de Propagandistas

"La sociedad española todavía tiene que profundizar mucho en democracia real, no en democracia formal"

En una entrevista concedida al semanario Alba con motivo de la publicación de un Dossier sobre la Asociación Católica de Propagandistas, Alfonso Coronel de Palma desgrana algunas de sus convicciones. La amplitud de los temas abordados en la conversación, obliga a guardar para próximos días algunas de sus declaraciones, que pueden completarse también con lo publicado en el semanario.

- La ACdP fue fundada en 1908. Díganos algunas palabras de su fundador o fundadores el P. Ángel Ayala, S.J., y don Ángel Herrera Oria.

- De Ayala destaco su preocupación por la formación, por la educación. Ayala fue un gran pedagogo, yo creo que del nivel del Padre Poveda. Hay dos grandes transformadores de la pedagogía católica, Poveda y Ayala, que responden a las inquietudes y deficiencias de la formación, incluso dentro de los centros educativos de la Iglesia Católica, con propuestas nuevas e importantes. Estamos hablando del fundador del ICADE, que es Ángel Ayala. Es fundamental su preocupación por una formación integral, donde lo técnico vaya en el mismo camino que lo humanista y que vaya en el mismo camino que la formación para la trascendencia. De Herrera Oria me quedo con una frase: “entre afines ni una disputa”, la repito mucho y me parece que es maravillosa. Me impresiona porque esta frase la dice siendo director de “El Debate”, en una época donde existían más medios cercanos a un pensamiento cristiano y te das cuenta que fue una constante suya vital, respetando como respetaba la pluralidad de posiciones dentro de los católicos, pero con esta concepción de la importancia que tiene no caer en guerras fraticidas.

- Las obras de la Asociación en este siglo han sido muy numerosas. Por ejemplo, intervino en la promoción y dirección de la Juventud de Acción Católica, los Estudiantes Católicos y su Confederación, los Sindicatos Agrarios Católicos, la Editorial Católica (EDICA), el diario ‘El Debate’, la BAC, el diario YA, ‘La Verdad’ de Murcia, el ‘Ideal’ de Granada, etc. ¿Cómo valora esa ingente tarea en todas esas iniciativas?

- Como cumplimiento fiel a la misión de los propagandistas. Que es actuar en la vida pública, actuar al servicio de la Iglesia, actuar con el máximo desprendimiento. Por eso tantas obras que nosotros hemos creado, llevado a cabo aquí, por ejemplo la misma Cáritas, que también está, no se han hecho con un sentido de propiedad, sino con un sentido de absoluta generosidad, de ir dónde te llaman, de proponer cosas en esa autonomía tan maravillosa de la seglaridad para llevarlas a cabo y  luego desprenderse de las mismas con tanta generosidad como se han creado. Este es el sentido de servicio que antes quería decir. La vocación de los propagandistas es muy amplia en el campo de la vida pública, aunque no tenemos una vocación específica en ninguno de los ámbitos. Es verdad que tenemos una gran obra educativa muy importante, pero no es sólo nuestra vocación la educativa. La Asociación, y ése ha sido un empeño que yo he intentado en mi modesta medida animar, es recordar a los propagandistas su vocación de estar en la vida pública, que hay muchísimo campo para arar y muchísimos lugares para meter la azada, y que hay que ir a todos aunque sean complejos y difíciles. Estamos hablando del campo de la política, de la economía, de los sindicatos,  de los medios... donde la labor es importante.

- ¿Conviene que la Iglesia o instituciones de la Iglesia impulsen directamente o sean propietarios de medios de comunicación en prensa, radio, TV o Internet? Es decir, que sean confesionalmente católicos, aunque su temática sea generalista y no exclusivamente religiosa. ¿Sería conveniente que la Iglesia tuviera en la actualidad un diario de tirada nacional, o apostaría más porque lo sacaran adelante empresarios cristianos?

- Conviene todo. No debe producir ningún escándalo que la Iglesia en su legitimidad tenga esos medios que luego en su gran mayoría son llevados y dirigidos por seglares. Yo creo que aquí hay que aprender a respetar la libertad del otro, siempre y cuando esa libertad esté adecuada a la verdad y al bien común. La sociedad española todavía tiene que profundizar mucho en democracia real, no en democracia formal. Porque hable el otro no ocurre nada, y la voz de la Iglesia es tan importante como cualquier otra. En este sentido,  por ejemplo, la Iglesia jerárquica ha puesto sus altavoces en instrumentos de naturaleza generalista, en manos de la seglaridad. Ahora parece que la apuesta de la Jerarquía por la seglaridad es criticada. Estamos muchas veces ante personas que criticarán, como en el cuento del Conde Lucanor, en el que da igual quién vaya en el burro, el padre, el hijo, porque siempre lo van a criticar. Si la Iglesia tuviese medios estrictamente religiosos, seguramente seríamos criticados. Si pone medios generalistas al servicio de la seglaridad y con bastante libertad, la crítica se centra en esta libertad. A mí me parece extraordinario el compromiso de los seglares, bien de los que ponen el capital, bien de los que dirigen las empresas, bien de los que escriben para que haya una pluralidad de medios de comunicación. He de reconocer que me gustaría ver ese compromiso mucho más amplio en muchos más lugares. Desde el compromiso, cuando uno es titular de la generalidad de un medio de comunicación, donde éste tiene que preguntarse si sólo está al servicio de ganar dinero o al servicio de otras cosas, o me atrevería a decir, si puede ganar dinero a costa de todo, hasta el compromiso de los periodistas redactores de vivir  su profesión acorde con su fe y, por supuesto estar en los lugares que puedan estar y puedan ejercer con plena dignidad su trabajo. No me vale decir: “No puedo hacer las cosas”.

- Como presidente de la ACdP, ¿cuál es su opinión sobre el ataque a lo católico en Europa y en España? ¿Cómo deberían reaccionar los cristianos? ¿Piensa que los católicos estamos reaccionando adecuadamente?

- Hay una ola de laicismo y casi de sinsentido, de un nihilismo personal y estructural en Europa y en España. Uno de los grandes problemas que tiene Europa es que el materialismo ha triunfado, no en su forma más perversa, que era el comunismo, pero en una forma mucho más agradable que al final en su concepción filosófica del hombre es igual de inmanentista  y da tan poco sentido a las personas. El materialismo profundo ha triunfado y nos ha transformado la vida en muy hedonista. Y es cierto que muchas veces en ese camino se ha juntado con un laicismo, a veces un laicismo muy militante y beligerante como el que vimos en la Unión Europea en un caso como el de Buttiglione, con leyes de desestructuración de la sociedad y de la persona.

Los cristianos reaccionan anunciando la Verdad del Evangelio y proclamando que Cristo viene a todos y su Buena Nueva es para todos. La Iglesia no se tiene que preocupar de cuántos somos ni dónde vamos a acabar, sino de poder transmitir la verdad al último rincón y a la última persona para que ésta libremente pueda adherirse o no adherirse a ella. Cristo es la Buena Nueva, ésta es la visión fundamental, y así es como tenemos que reaccionar, no preocupándonos de si vamos a ser más, menos, si vamos a tener... no. Preocupándonos de ser muy fieles al mensaje de la Iglesia, que no es otro que el Cuerpo Místico de Cristo y por tanto, que hay un Señor. Y desde esa fidelidad transmitirlo a todo el mundo, hacer llegar esa forma de iluminar la vida, que es distinta a la que hoy se propone, mucho más de lo que las personas creen. Ese teatrillo de divisiones muchas veces es un puro teatrillo, pero en el fondo el guión común que dirige a tanto líder es el mismo. Los católicos más que reaccionar tenemos que proponer, creo que no debemos de ser reactivos. Debemos de adelantarnos, ser nosotros los propositivos, los que debemos de decir a la gente, porque lo creemos y por eso lo hacemos, que hay  una forma de vivir la vida que le da mucho más sentido. Que cuando te despiertas por las mañanas entiendes mejor las cosas, que todos lo pasamos mal y todos tenemos dificultades, pero que al final, incluso cuando uno está muy ahogado, triunfa el sentido trascendente de la vida, que Dios ha mandado a su Hijo para estar con nosotros, la plenitud de amor que significa Dios. Todo eso da una forma de entender la vida y las relaciones humanas que te transforma o que al menos te ayuda a poderlas plantear. En el fondo, que hay un cúmulo de alegría, que a veces es verdad que no manifestamos del todo bien. A mi me parece que muchas veces la agenda ya la llevan otros y nosotros vamos como el ronzal, y deberíamos de llevar nosotros la agenda y proponer, porque tenemos muchísimo que transmitir.

- ¿Ha tenido relación como presidente de la Asociación con Juan Pablo II, con Benedicto XVI y con altas personalidades de la Iglesia? ¿Cuál es el mensaje que le han transmitido? ¿Tiene algún recuerdo personal?

- A Juan Pablo II tuve la oportunidad de poderle saludar unos minutos, pero mi relación fundamentalmente ha sido como pueblo de Dios. A Juan Pablo II, siempre lo cuento porque me encanta, le vi por primera vez en el Bernábeu con quien era mi novia. La última vez que le vi fue desde el asfalto de la Castellana con mis cinco hijos. Con Juan Pablo II creo que hemos tenido toda la relación del mundo, con él hablabas, y eso es un Papa generacional que te marca. También tengo una anécdota bonita con Pablo VI, porque  tuve la oportunidad de irle a cantar con la Escolanía de Nuestra Señora del Recuerdo, del Colegio de los Jesuitas, y también es un Santo Padre que me produjo mucha impresión y que luego habiéndole leído también me ha marcado mucho, su alta intelectualidad pero sobre todo su sufrimiento en la Cátedra de Pedro. Los dos últimos textos de su Pontificado son muy importantes para entender gran parte de lo que nos ha ocurrido.

A Benedicto XVI, como el cardenal Ratzinger, me acerqué a algunos libros suyos y hay uno que me ayudó muchísimo, hace muchos años. Estoy dándole vueltas y no soy capaz de recordar cómo cayó en mis manos, porque lo leí bastante joven. Era la “Introducción al cristianismo”. Benedicto XVI ha sido muy importante para generaciones como las mías que en nuestra etapa de formación hemos vivido determinados cambios muy importantes en la Iglesia y en la vida, que a veces nos descolocaban, donde hemos visto a la vez cambios muy bruscos y sinsentidos. Voces como Benedicto XVI, estamos hablando de uno de los grandes teólogos, han sido capaces de hacer realidad esa frase que pronunció Juan Pablo II que a mi me encanta: “Se puede ser católico y profundamente moderno”. Benedicto XVI es el que mejor nos ha podido sustentar la razón para entender esto, que se puede estar plenamente en tu realidad y ser católico.

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