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La inmigración, un drama que hay que afrontar |
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En el siglo XX, España ha vivido, y sigue viviendo hoy, el fenómeno de las migraciones, cada vez más acentuado. Durante décadas, numerosos españoles tuvieron que emigrar. Unos, para buscar refugio por motivos políticos; y otros, para conseguir un trabajo que aquí no tenían. Pero durante las últimas décadas somos nosotros los que recibimos a personas de otras naciones. Hasta hace un tiempo, la acogida de estas gentes ha sido un hecho normal. Sin embargo, a medida que la inmigración aumenta de modo imparable, debido al ‘efecto llamada’ provocado por el Gobierno, han surgido dificultades de todo tipo, relacionadas con el trabajo, la vivienda, la sanidad y la convivencia en general. Mons. Dorado, obispo de Málaga, considera que “la mayoría de los ciudadanos sabe dar un trato justo a los inmigrantes, pero no faltan los que se aprovechan indignamente de su situación de inferioridad para obtener ventajas injustas”. Se imponen tres reflexiones: 1) el Gobierno debería implantar una política de inmigración razonable y coherente con el resto de la UE, con pactos entre Estados;2) los mayores perjudicados son los inmigrantes; y 3) si ellos contribuyen a nuestro bienestar social, habría que procurar su integración sin traumas.
Rafael Miner
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