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Fueron testigos del asesinato del cabeza de su familia y de cómo el Ayuntamiento de Echarri-Aranaz nombraba a los asesinos hijos predilectos del pueblo. Durante años soportaron los comentarios de los vecinos (“si les mataron al padre, algo habría hecho”) y los sarcasmos y violencias de sus verdugos. Ésta es la historia de los Ulayar-Mundiñano: los otros ‘Pilar Elías’.
Es Echarri-Aranaz, en la provincia de Navarra, un municipio a imagen y semejanza de Batasuna: goras a ETA en las paredes, fotos de etarras en los bares y carteles pidiendo el reagrupamiento de presos colgados de los balcones. El pueblo en sí es una apología del terrorismo. A escasos cuarenta kilómetros de Pamplona, Echarri-Aranaz es uno de esos lugares donde no entra la ley; la de partidos políticos, desde luego. El Ayuntamiento lo gobierna Herria, una de las marcas blancas de Batasuna que logró pasar el filtro de la ley que prohibía al brazo político de ETA presentarse a unas elecciones. El alcalde, Juan Mariñelarena, es hermano de uno de los asesinos de Fernando Buesa. No es que la consanguinidad sea delito, pero Mariñelarena aún no ha condenado los crímenes de su hermano Luis. Como tampoco ha condenado nunca el asesinato a manos de ETA de uno de sus antecesores en el cargo, Jesús Ulayar, que de 1969 a 1975 fue alcalde de Echarri-Aranaz. A Jesús Ulayar Liciaga (“un hombre bueno”, como lo recuerdan su viuda, Rosa Mundiñano, y sus cuatro huérfanos, Jesús, José Ignacio, María Nieves y Salvador) lo mató ETA el 27 de enero de 1979 por “fascista” y “antivasco”, etiquetas contra las que, según norma de la izquierda abertzale y violenta, no cabe recurso alguno. A quien viaje a Echarri-Aranaz no le costará dar con el sitio exacto donde Jesús Ulayar cayó abatido por cinco balazos. No lo señala ninguna placa conmemorativa, sino cuatro contenedores de basura colocados por el Ayuntamiento. Si aun así el viajero despistado sigue sin encontrar el macabro lugar de los hechos, sólo tiene que preguntar por la calle Maiza. Verá un viejo caserón cuya fachada está pintada con el símbolo de ETA y un aviso para navegantes: “Conquistadores españoles, fuera”. Es la casa de los Ulayar, no habitada por ninguno de sus miembros (de hecho, todos viven fuera del pueblo). Frente al caserón, y en presencia de su hijo Salvador, de trece años de edad, cayó Jesús Ulayar. Más información en el número 71 de ALBA. |