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Es, junto con el diputado Álvaro Cuesta, la cara (y la voz) laicista del PSOE. Tiene dicho, para quien le quiera oír, que si de aquí a los próximos presupuestos siguen vigentes los acuerdos Iglesia-Estado, espera no verse en la tesitura de saltarse la disciplina de partido. Para Mayoral, estos acuerdos son inconstitucionales porque sobrefinancian a la Iglesia Católica.
Es Victorino Mayoral (Cáceres, 1940) un hombre hábil; tanto, que para apoyar su laicismo no cita durante la entrevista a Voltaire o a Peces-Barba, sino a Juan Pablo II y a monseñor Blázquez. Niega ser el “laicista feroz” del PSOE, como la idea de que para defender lo que él defiende haya que pertenecer a la masonería. La entrevista sólo la interrumpe un mensaje a su móvil precedido por el himno de Riego (“Se pasaron con la letra, la verdad. Para himno, himno... La Marsellesa”). La idea de hombre hosco que de él pueda tenerse la borran sus buenas maneras. Un malpensado diría que es un lobo disfrazado con piel de cordero. Pero tiene más de hombre consecuente con sus ideas (capaz de saltarse la disciplina de partido si es preciso), que de adicto a la poltrona del poder. Al acabar la entrevista, declina amablemente que se le mande un ejemplar del semanario. “Ya me encargo yo de hacerme con uno”. Victorino Mayoral comprando ALBA en el quiosco. ¡Qué buena foto de portada! -Ustedes, los laicistas, ¿qué defienden? -Hay que distinguir entre laicidad negativa y positiva. La primera pide que la religión sea expulsada de todos los ámbitos de la sociedad; la segunda, que se llegue a un pacto de convivencia que permita respetar las creencias y establecer las ayudas que éstas requieran. Nosotros, en el PSOE, defendemos la segunda. Vistas así las cosas, tenemos más puntos de coincidencia con amplios sectores de la Iglesia que de discrepancia. Hablando de discrepancia, me gustaría apuntar que ésta nace de la falta de diálogo y de la sospecha de que los unos van a por los otros. Nosotros nos entendemos con todos, salvo con los que rechazan de plano la laicidad o la no confesionalidad del Estado. -Sin embargo, hay un matiz entre Estado laico y Estado no confesional. -Desde nuestro punto de vista y según ha interpretado el Tribuna Constitucional en varias sentencias, no. Para el Constitucional, no confesionalidad equivale a laicidad positiva, es decir, a laicidad basada en el principio de cooperación entre el Estado y las confesiones. -Entonces, si los laicistas están de acuerdo en que éste en un Estado laico, ¿qué más pueden reivindicar? -Quiero dejar claro que mi idea de laicismo no implica luchar contra el hecho religioso. Además, no tiene sentido, dada la multitud de creencias que hay. A partir de ahí, hay que buscar condiciones que garanticen el principio de igualdad de trato de todos los españoles reconocido en el artículo 14 de la Constitución. Teniendo en cuenta la regulación que del hecho religioso se ha hecho en España a partir de la Ley de Libertad Religiosa y de los convenios firmados con la Santa Sede y otras confesiones, vemos que esa igualdad no está garantizada. Durante la Transición, la Iglesia Católica negoció con el Estado unas condiciones superiores a las confesiones protestante o musulmana. Desde mi punto de vista, esto se traduce en una situación de desigualdad entre los ciudadanos en función de la confesión que practica. Ahí tenemos el Impuesto de Bienes Inmuebles, que un pastor protestante tiene que pagar y un párroco católico no.
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