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Una cita a solas... |
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Opinion
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Casi han coincidido el cumpleaños de Benedicto XVI -setenta y nueve el domingo de Resurrección- y el primer aniversario de su pontificado. Entre los comentaristas, del más diverso pelaje, se está generalizando el respeto a su persona, a sus actuaciones, a la calidad y profundidad de su discurso. Muy selectivas, dirigidas a las cuestiones esenciales y a sus raíces más hondas, claramente comprensibles para las mentes, conmovedoras para los corazones. Con suavidad, casi con ternura, pero con valentía y firmeza. La "tierna luz" que diría André Frossard. El estilo de Benedicto XVI, aunque con su propia y diferente personalidad, nos recuerda ciertas líneas esenciales del método de Juan Pablo II. En una reciente cena privada, el cardenal Zenon Grocholewsky nos sintetizaba ese método, como una posible explicación del profundo respeto que mereció el Papa polaco entre tan amplios y tan divergentes sectores de todo el mundo y que se hizo ostensible el día de su magno funeral en la plaza de San Pedro. Juan Pablo II aplicaba tres reglas. La primera era recibir a toda personalidad que se lo pidiera, sin condicionarse por su biografía y adscripciones aunque fueran muy opuestas a las de la Iglesia. La segunda era escuchar con suma atención intelectual y exquisito respeto personal, ayudado de su natural simpatía, para que su visitante se sintiera realmente comprendido. La tercera era exponer con total libertad, claridad y firmeza la posición católica y la del propio Papa sobre las cuestiones conversadas. Juan Pablo II -concluía Grocholewsky- siempre consideró que era una cierta falta de respeto a su interlocutor y a sus posiciones el disfrazar, seccionar o atemperar lo que tenía que decir, para adecuarlo a las orejas e ideología del visitante. Todo lo contrario. Consideraba un rasgo de honestidad consigo mismo y de respeto a su interlocutor, decirle libre, clara, sencillamente la entera doctrina cristiana. |
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ALBA consulta a sus lectores para crecer más |
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Opinion
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Un año y cinco meses no es apenas nada para una publicación. Pero en este tiempo que el semanario ALBA lleva en el mercado han pasado muchas cosas. Dentro y fuera. Hoy no celebramos nada especial, pero nos van a permitir que, por una vez, nos dirijamos a ustedes, a los lectores, suscriptores, anunciantes y distribuidores del semanario, para darles las gracias. |
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El silencioso suicidio de Europa |
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Opinion
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Es curioso cómo los cronistas de todas las épocas logran casi unánimemente pasar por alto la noticia más importante, el dato definitorio y clave de sus civilizaciones mientras se excitan y alborotan con lo inmediato y pasajero. Los cronistas de nuestra época somos los periodistas, y también dejamos para páginas interiores la noticia de portada de hoy: Europa tiene los días contados porque no tiene hijos. La aritmética es tan sencilla que está al alcance de un alumno de la ESO, es sólo sumar. O, más bien, restar.
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Nuestro compromiso con el proceso de paz |
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Opinion
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La propuesta etarra de un “alto el fuego permanente” abre una escena nueva y suscita sentimientos encontrados. Nuestros lectores, como todos los ciudadanos de bien, aman la paz, el derecho y la democracia. Por eso mismo sienten esperanza y no quisieran reprimírsela. Pero nuestros lectores, como cualquier ciudadano de bien, no son ovejas estúpidas. Ven de quien viene la oferta: de una banda terrorista que ha pretendido imponer una causa política minoritaria mediante el terror, la muerte y la coacción, que no ha renunciado todavía a la violencia, ni ha depuesto las armas, ni se ha rendido, ni arrepentido del daño causado.
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Gobierno y Encuentro Mundial Valencia 2006 |
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Opinion
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El origen de los Encuentros Mundiales de la Familia se remonta a 1981, cuando Juan Pablo II promulgó la exhortación Familiaris consortio. |
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